“¿Qué sentido tiene todo esto?” dijo para sí mientras contemplaba el salón abarrotado. Personas y personas que no conocía, con las que probablemente no intercambiaría más que un par de palabras (y eso con suerte), risas y voces estruendosas que no harían más que deseara marcharse, puntos y puntos en el espacio que tan sólo le recordarían lo solo que estaba. Y el espectáculo más lamentable posible, su hermana intentando presentarle a alguna “soltera en condiciones”, como ella solía decir. Odiaba esas conversaciones absurdas que se tienen con mujeres que los demás pretenden que lleves a tu cama, ¿se supone que debes hacerles un test para saber si serán aptas? Resultaba simplemente lamentable, sobretodo, porque nunca daba la talla. La situación le resultaba tan violenta que se ponía a temblar y decía cosas como “una vez de pequeño llené las paredes del baño con mi propia mierda, fue mi primera perfomance”. Aún en el umbral, recapacitó si de verdad deseaba estar allí. Todavía podía marcharse sin que los demás se percataran de su presencia, probablemente no lo harían aunque decidiese entrar. ¡Qué triste! Se había convertido en el ser más triste que conocía. Invisible y desgraciado. Y lo peor de todo era absoluta asimilación de aquello y su autocompasión. Detestaba sentir lástima de sí mismo, pero era inevitable. Cada mañana se levantaba al oír el despertador, pero le daba igual. Realmente no le importaba ir a trabajar o quedarse en la cama, nada le movía a plantearse esa estúpida pregunta. Tal vez hacía ya tiempo sí, hubo algo y alguien. Sí, pero hacía tanto tiempo que no se acordaba. No podía recordar… o tal vez no quería.

1 comentarios:

Bohemia dijo...

Me dio la sensación que esa persona necesita un cañonazo de ilusión...

Gracias por tu visita a mi rincón y gracias por contarme la curiosa forma en que me encontraste, a través de un libro de una biblioteca, donde dentro había una guía de lectura con algunos links...

Muy curioso sin duda...
Sería el azar...

Un abrazo