Drive

“¿No tienes quién que te lleve a casa?” le había preguntado él con cierta ingenuidad al verla junto a la salida de ese bar de mala muerte del que también él había escapado, con mirada de pánico y dientes chirriantes. Ella ni siquiera fue capaz de articular palabra, tan sólo sacudió la cabeza con timidez. No entendía qué podía estar haciendo una chica como ella allí sola. Debía de tratarse de algún malentendido, eso sin duda. “Sube, yo te llevo” dijo sin recapacitar. Con la cabeza gacha ella se introdujo en el coche. La observó con más detenimiento, tez pálida, ojos grandes y claros, cabello castaño, su imagen era angelical. Había algo en ella que propiciaba pensar que fuese incapaz de ninguna maldad, que se tratara de un alma bondadosa. El vehículo comenzó a circular. A pesar de que él era quien le hacía el favor a ella, temía hablarle por si pudiera ofenderla. Siguió en línea recta y sólo se le ocurrió un “¿qué hacías ahí sola?”. Ella giró la cara y miró por la ventana. Creyó oírla llorar. Algo violento, encendió rápidamente la radio, para proporcionarle algo de intimidad. No entendía muy bien qué estaba pasando, pero intuía que esta pobre chica se encontraba en problemas. Intentó sintonizar una cadena y la primera en dejar de chirriar fue una de esas de éxitos de los ochenta. Sonaba Drive de The Cars. ¿Quién va a llevarte a casa esta noche? Aquello parecía una broma pesada. “¿Y bien?” preguntó él. Ella tornó la cabeza hacia él y preguntó extrañada “¿Y bien qué?”. “¿Adónde te llevo, dónde vives?”. Y ella respondió evitando su mirada “esta noche será tu casa”.

3 comentarios:

Alfredo Tuntra Gómez dijo...

Y lo más importante...¿en qué se metamorfosea?

Nel Pimskin dijo...

En perra callejera...

una menos dijo...

mmmm... inquietante...