A mi alrededor hay muchas rostros. Felices, sonrientes, que ofrecen y obsequian. Tienden sus brazos hacia mí pero me dan miedo. Tengo la sensación de que quieren apropiarse de algo más profundo que mí mismo. Me mantengo distante e intento imitar su sonrisa, más semejante a una mueca que a un gesto natural, para pasar desapercibido. Pero mi mandíbula se cansa y soy descubierto pronto. Este juego es peligroso. Si no consigo jugar bien mis cartas es posible que todo se vuelva oscuro y ellos se hagan con eso que tanto anhelan. No sé qué quieren exactamente, sin embargo, tampoco deseo descubrirlo.
La revolución inevitable, de Genís Roca: un buen prompt para ordenar el
caos de la Inteligencia Artificial
-
Es normal sentirse perdido ante todo lo que se dice hoy sobre la
inteligencia artificial (IA). Los avances en este campo ya no se producen
cada mes, sino...
Hace 5 semanas
0 comentarios:
Publicar un comentario