Allí, en el umbral de la puerta contempló el salón lleno de gente. Se habían congregado allí todos sus amigos, conocidos, compañeros del día a día. Suspiró profundamente ante la perspectiva de volver junto a ellos. Agarró con fuerza el vaso que sostenía y trató de sostenerse a sí misma aún más fuerte. Ensayó su acostumbrada sonrisa para sí y se dispuso a marchar hacia la compañía. Cuando dio el primer paso en esa dirección se percató de algo. Le llegó como un zumbido, como un relámpago, como algo insólito y potente. No quería estar allí. Lo último que deseaba era volver a fingir que estaba bien, que estaba contenta, relatar con una sonrisa inexistente sus últimos logros y cómo había alcanzado ese equilibrio que todos buscan en la vida. En definitiva, estaba cansada de mentir e inventarse a sí misma y una vida ficticia. Las palabras que salían de sus labios ya no tenían sentido más que para ella misma, no tenía ninguna intención de dar las explicaciones pertinentes. Ya estaba harta. Había llegado el momento de olvidarse de las burbujas de humo que la rodeaban. Simplemente daría la vuelta, saldría por la puerta, buscaría un hueco entre dos coches y se sentaría a mirar nubes en el cielo.

1 comentarios:

ana dijo...

me gusta muxo como escribes!!!
k vivan las becarias atontadas y que encima escriben genial!!!

besos de la otra becaria