Había sobrevivido. Estaba sola en aquella isla. El azul del cielo y la calma del océano jamás resultaron más sofocantes que en aquel instante. Se agarró los labios, intentando contener un alarido y lloró. Lloró desconsoladamente. Estaba sola. No había nadie que pudiera socorrerla. Buscó dentro de su vestido y encontró la única fotografía que conservaba de ellos. La miró y la acarició. Y se apaciguó, pero sabía que aquella serenidad se desvanecería tan pronto como mirara a su alrededor.
La revolución inevitable, de Genís Roca: un buen prompt para ordenar el
caos de la Inteligencia Artificial
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Es normal sentirse perdido ante todo lo que se dice hoy sobre la
inteligencia artificial (IA). Los avances en este campo ya no se producen
cada mes, sino...
Hace 5 semanas
1 comentarios:
Esto es de lo mejor que has escrito, y por cierto... muy en mi estilo, ¿sabes?
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