Todo había desaparecido, a su alrededor sólo había sexo. Sudor, gemidos y puños cerrados, aferrados a la sábana. Ya nada le importaba, sólo podía pensar en la lengua de él alrededor de su cuello, sus manos enganchadas a sus pechos, su pene contra ella. Se agarraba del cabello, como intentando contenerlo y deseando que no cesara al mismo tiempo. La fuerza se concentraba en su pelvis, perdiendo todo el control. Giraba la cabeza, como si una melodía diabólica la hubiera poseído. Perdía el control, no podía evitarlo, todo en lo que pensaba era él. Y él ni siquiera estaba allí.

1 comentarios:

Justo dijo...

No vale la pena vivir en el pasado, vale la pena aprender de el, para eso la experiencia es un grado, hay que vivir el presente, ese es el tiempo que debemos disfrutar al maximo, disfrutar pero haciendo las cosas bien, porque de nuestro presente, puede que dependa nuestro futuro.